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Ecuador recupera cultivos tradicionales Imprimir E-Mail
ImageECUADOR - 15 de mayo del 2009

En las laderas de una montaña, Carlos Lema trabaja en su cultivo de papas que forma parte de un proyecto en Chimborazo.

En la Sierra hay varios proyectos privados y del Gobierno que han logrado reposicionar la producción de hortalizas, tubérculos y granos, que dejaron de cultivarse debido a los bajos precios. En Manabí también hay una iniciativa interesante con el café y otros productos.

En una de las laderas que lleva al nevado El Altar, en la provincia de Chimborazo, Carlos Lema trabaja en su cultivo de papas. Mueve la tierra alrededor de cada planta haciendo una especie de muro y va dando forma a lo que desde lejos se verá como un gran telar dibujado en la montaña.

Cerca de allí está el silo artesanal de 1,50 metros de ancho por tres de largo en el que almacena entre cinco y seis quintales de semilla de papa,  más abajo hay cultivos de otras hortalizas y legumbres. Todo dentro de su propiedad.

Lema es un campesino diligente y, según Jaime Flor, técnico del Ministerio de Agricultura, es uno de los más inquietos y destacados agricultores que participa en el proyecto de apoyo para el rescate de productos tradicionales en las zonas altas de los Andes de Ecuador y Perú.

Esta iniciativa surgió ante la disminución de los cultivos ancestrales, especialmente en la zona de la Sierra central, en la cual las plantaciones de trigo, cebada, papa, oca, mashua, quinua, lenteja, chocho, haba, melloco, acelga, entre otras, dejaron ser prioritarias para la población.

La razón: los bajos precios de esos productos agrícolas en el mercado nacional.

Pero ahora los agricultores recuperaron en sentido de propiedad con la naturaleza. “La tierra es la madre de mi familia y de la ciudad. Por eso siempre pido capacitación y tecnología para hacerla producir más”, dice Lema.

Además, la forma de cultivar los productos, la elección de los mismos, el trabajo con las semillas y la elaboración de abonos orgánicos ha cambiado la vida de decenas de familias de seis comunidades de Chimborazo: Mayorazgo, Guadalupe, Sanganao, Laguna San Martín, Sanjapamba y Santa Isabel.

Las 500 familias beneficiarias del proyecto destinan parte de su tiempo a la producción orgánica y al rescate de productos ancestrales.

La iniciativa comenzó en septiembre de 2007 con el apoyo económico y capacitación del Fondo Mundial de la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO) y del Gobierno de Nueva Zelanda. Mientras que el Ministerio de Agricultura ejecuta el proyecto con el apoyo de la Confederación del Movimiento Indígena de Chimborazo (Comich).

Durante este tiempo, los campesinos ordenaron sus finanzas y reorientaron su producción. María Rosa Betún, de la comunidad de Laguna San Martín, explica que antes producía con muchos fertilizantes y lo que vendía se gastaba en la llamada “comida chatarra”: gaseosas, papas fritas, etc.

Ahora prepara y usa abonos orgánicos en sus cultivos en lugar de fertilizantes, que le ha permitio incrementar la producción. Y el 70% de la cosecha sirve para la alimentación de su familia.

Ángel Vaca, coordinador técnico del proyecto por parte del Ministerio, señala que la población se identifica con la iniciativa. “Hay un cambio de actitud. Antes, cuando alguien llegaba con un proyecto, la gente acudía por el dinero que allí había. Ahora, tras un año y medio de aplicación de esta propuesta, la gente ve resultados en su dieta y en sus productos. Reconocen que esto va más allá de un tiempo de aplicación (cuatro años)”.

Esto lo confirma Pedro Guacho, presidente de Laguna San Martín. Señala que entre los integrantes del proyecto se observa constancia e interés por seguir implementando lo aprendido.

Vaca agrega que la diferencia de este proyecto con respecto a otros es la generación de formas de fortalecimiento a la economía local y una revalorización de la cultura andina.

Flor aclara que la visión de los campesinos sobre el cultivo ayuda a mejorar la producción. “Es el encuentro entre visiones diferentes y cada una aporta a que la producción se vuelva más efectiva”, afirma.

Dennis Escudero, consultor de la Oficina Regional de la FAO, señala que en junio de este año se evaluará un posible aumento del financiamiento internacional, pues observan resultados importantes en esta zona del país.

Pero esta iniciativa no es la única para recuperar los cultivos tradicionales en el país. En la Sierra norte, específicamente, en Cotocachi, provincia de Imbabura, se ejecuta un proyecto agrícola, en el que participan 3.400 familias de 45 comunidades.

La Unión de Organizaciones Campesinas de Cotacachi (Unorcac) es la promotora de esta experiencia que comenzó hace varios años y que en 2008 ganó un concurso mundial por el rescate de cultivos tradicionales, que organizó una entidad en Barcelona, España.

Rumiñahui Anrango, presidente de la Unorcac, resalta que el primer paso consistió en la construcción de parcelas agroecológicas en las que se combinan productos ancestrales con tradicionales. Allí se cultiva fréjol, maíz, papa, arveja, jícama, mashua, papa nabo, uvilla y habas, que durante muchos años fueron dejadas de lado por los indígenas de la zona.

Pero el proyecto no se detuvo en generar procesos productivos, sino que incluyó una visión integral. Por ello, el segundo paso –explica Anrango- fue avanzar hacia la industrialización de estos productos y hace cuatro años construyeron una planta agroindustrial.

El tercer paso se concretó con la incorporación de los sitios donde se cultivan estos productos al paquete turístico que oferta desde hace siete años la agencia Runa Tutari (Encuentro con Indígenas).

Anrango destaca que el impacto directo de este proceso se refleja en dos hechos: mejoró la nutrición de los habitantes de las comunidades y se encontraron fuentes para nuevos ingresos económicos.

En la parroquia Lloa, al noroccidente de Quito, también se emprendió un proyecto para terminar con los monocultivos y diversificar la producción, especialmente con plantaciones tradicionales.

La situación se ha conseguido revertir paulatinamente con la asistencia técnica de la Fundación Ecopar y el apoyo financiero del Fondo Ambiental del Municipio del Distrito Metropolitano de Quito, que destinó 30.000 dólares con los cuales se capacitó a 160 familias entre 2007 y 2008.

De estas, 22 dieron un paso más allá e instalaron huertos agroforestales. Papa, quinua, oca, zanahoria blanca, melloco, mashua, chocho y haba son los productos que ahora tienen más espacios en los cultivos de la zona.

La segunda etapa es la implementación de una granja agroecológica, cuya finalidad es crear un espacio de trabajo comunitario con la producción de cultivos tradicionales que a su vez permita comercializar la cosecha.

Andrea Ganzenmüller, coordinadora técnica del Fondo Ambiental del Municipio quiteño, aclara que la meta es que esta granja empiece a funcionar en septiembre de este año, cuando la infraestructura esté terminada. Actualmente se encuentran en la etapa de capacitación a la población sobre su manejo y objetivos.

El ministro de Agricultura y Ganadería, Walter Poveda, asegura que el Gobierno tiene proyectos no solo para preservar los cultivos tradicionales, sino también  las especies animales y vegetales.

“A través del Iniap y de toda la institucionalidad del Gobierno tratamos de conservar bosques, cuencas, recursos naturales y más aún productos tradicionales. También queremos potenciar aquellos que comercialmente ya no son viables por la falta de competitividad”, afirma. (CV - AC)

ÉDGAR BERNAL QUITO
Presidente del Colegio de Ingenieros Agrónomos del Ecuador

“Se necesita una política de Estado ”


Los cultivos tradicionales perdieron espacio con la apertura a las importaciones. En el país se dio un tratado de libre comercio adelantado en el siglo anterior y un ejemplo fue el trigo, que era uno de los principales cultivos de la serranía y generaba trabajo.

Los productores de trigo eran parte de la industria harinera porque proveían la materia prima. Pero un grupo de empresarios presionaron para que se permita el ingreso de trigo del exterior, porque era más barato en desmedro de los agricultores del país, y  miles de campesinos que se dedicaban a esa producción se quedaron en la desocupación.

Por eso, para nosotros –y el Gobierno debe mirar hacia ese objetivo- el eje más importante para el desarrollo del aparato agroproductivo del país se dará cuando se incentive y se rehabilite los cultivos tradicionales, como el trigo, cebada, oca, melloco, quinua, etcétera. Para ello, el Gobierno debe implementar, como una política de Estado, un programa agrícola en este sentido. Teniendo esa política, las empresas privadas estarán inmersas en la producción y reactivación de los cultivos tradicionales.

Para recuperar las miles de hectáreas que se perdieron, tenemos que entender que esto es un fenómeno socioeconómico.

Por lo tanto, hay que presentar una propuesta para programar todo lo que tenemos de por medio.Eso significa, en primer lugar, que el Estado debe tomar una decisión política para que se inviertan recursos en estos cultivos y en 2 años estarían cubiertas las extensiones que necesita la serranía ecuatoriana para la reactivación económica. (GMP)






FUENTE:freshplaza.es
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