Método industrial de producción bacteriana de hidrógeno a partir de desechos agrícolas
El hidrógeno tiene potencialmente tres veces más energía por peso que la gasolina, haciéndolo el combustible de más alto contenido energético disponible.
En las regiones agrícolas se genera mucha basura derivada de las partes no aprovechables de los vegetales cosechados. La mayor parte de ésta se envía actualmente a los vertederos, donde produce gases de efecto invernadero como el metano, 25 veces más potente en dicho efecto que el dióxido de carbono. Después de algunos recientes avances significativos en la tecnología que deberá usarse para elaborar el "biohidrógeno", esos desechos pueden convertirse ahora en valiosa energía.
Hay circunstancias especiales bajo las cuales ciertos microorganismos no tienen ninguna forma mejor de obtener energía que liberar hidrógeno en su entorno. Algunos microbios, como los heterótrofos, las cianobacterias, las microalgas y las bacterias purpúreas, producen biohidrógeno de maneras diferentes.
Cuando no hay oxígeno, las bacterias fermentativas utilizan los hidratos de carbono como el azúcar para producir hidrógeno y ácidos. Otras, como las bacterias purpúreas, usan la luz para producir energía (por fotosíntesis) y emiten hidrógeno para que las ayude a descomponer moléculas como las de los ácidos. Estas dos reacciones se complementan, ya que las bacterias purpúreas pueden usar los ácidos producidos por las bacterias de la fermentación. La Unidad de Bionanomateriales Funcionales, en la que trabaja la profesora Lynne Macaskie, y que depende de la Universidad de Birmingham, ha creado dos biorreactores que proporcionan las condiciones ideales para que estos dos tipos de bacterias produzcan el hidrógeno.
"La labor conjunta de los dos tipos de bacterias puede producir mucho más hidrógeno del que se obtendría utilizando exclusivamente una u otra", subraya Mark Redwood, de la Universidad de Birmingham.
Las bacterias ácido lácticas se vienen empleando para fabricar alimentos desde hace al menos 4 mil años. Su uso más corriente se relaciona con la producción de productos lácteos fermentados, como el yogurt, el queso, la manteca, la crema de leche, el kefir y el kumis.
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El hidrógeno tiene potencialmente tres veces más energía por peso que la gasolina, haciéndolo el combustible de más alto contenido energético disponible.